Archivo de 18/10/07|Página de archivo diario

Una nueva “Santa”

Liliana Flores MartínezEnviada

ACAPULCO.- “Santa” (1931), una de las películas clásicas del cine mexicano, fue proyectada totalmente restaurada la noche del viernes pasado en la sala dos del conjunto Cinemark de este puerto guerrerense, como uno de los eventos estelares de la segunda edición del Festival Internacional de Cine de Acapulco.

En entrevista con José Romay, presidente del Comité Organizador del 75 aniversario del Cine Sonoro Mexicano, nos habla sobre José de Jesús Rodríguez Ruelas (1907-1985), conocido como “Joselito Rodríguez” -el creador del sistema de sonido óptico que dio al cine mexicano la primer cinta con sonido sincrónico a la imagen, en su duración completa-; así como algunas de las peripecias que casi logran que se perdiera la película que es considerada el primer éxito de taquilla de la naciente industria del cine mexicano.

Afirman los historiadores del cine mexicano que a pesar de que el sonido se incorporó al cine nacional en 1927, no fue sino hasta 1931 cuando se realizó la primera cinta sonora mexicana: una nueva versión de “Santa”, dirigida por el actor español-hollywoodense Antonio Moreno e interpretada por Lupita Tovar.

De tal forma que “Santa” fue la primera película mexicana que incorporó la técnica del sonido directo, grabado en una banda sonora paralela a las imágenes en la misma película.

Esta técnica fue traída de Hollywood por los hermanos Roberto y Joselito Rodríguez, quienes habían inventado en Estados Unidos un aparato sincronizador de sonido muy ligero y práctico.

¿Qué le motivó a emprender la restauración de “Santa”?

“Primero el amor y respeto para el cine”, afirma José Romay, quien es hijo de Joselito Rodríguez. Así como que la gente sienta por lo menos un ápice de orgullo por el mexicano que logró romper el enorme monopolio que había en aquella época para la grabación del sonido en el cine.

El también actor y cineasta no duda en afirmar su admiración por Joselito Rodríguez, a quien considera su “ídolo”. Todo este trabajo de restauración de la cinta, sostiene nuestro entrevistado, lo hago por él, para demostrar que no dependemos de alguien cuando queremos hacer las cosas o cuando tenemos ingenio.

Romay puntualiza que tras el éxito técnico y artístico logrado en “Santa”, 307 películas, sin contar documentales, fueron sonorizados en los diez años posteriores a la realización de esta cinta en nuestro país.

“El 80 por ciento de esas películas fueron sonorizadas por los equipos de mi padre”, rememora José Romay. Y fue tal el éxito que Joselito Rodríguez tuvo que habilitar a su prima hermana Consuelo (o “Chelito” como le decían) como la primer ingeniera de sonido en el mundo.

La señora tuvo que estar jalando cables al principio con el pretexto de interiorizarse en el sistema y de agarrar un ritmo, una dinámica de cine que cambia radicalmente cuando el cine mexicano pasó de la era silente a la sonora.

Estoy en tratos con Italia, España y Bélgica para mostrar este trabajo de restauración porque en esas latitudes toman quizá con más admiración y respeto absoluto a un técnico -que no con pincitas, sino con clavos- pudo hacer cine.

¿Qué tan difícil fue realizar este logro técnico?

Déjame decirte que las empresas extranjeras no fueron dóciles. Le hicieron un sabotaje enorme al sistema desarrollado por mi padre. Le incrustaban clavos en los equipos y otras acciones a fin de que el director no tuviera otra opción que detener la filmación.

Por otra parte, los rollos de película de “Santa” no se revelaron en laboratorios, sino que mi padre junto con Aniceto Ortega -el editor de la cinta- tuvieron que revelar los rollos “a mano”.

Lo peor del caso es que nadie se preocupó por recuperar la imagen original de “Santa”, un negativo. Además no tenemos el sonido original. Mi tío Enrique remasterizó la película pero no estoy de acuerdo con el resultado, pues metió muchos sonidos ambientales que no tenía el original.

Vale la pena recordar que, a finales de la década de los treinta, se quemaron los estudios de la Compañía Nacional Productora de Películas y con ellos los negativos originales.

Entonces, los productores, como medida precautoria, mandaron de manera consolidada una “copia suave”. De ahí sacaban el inter-negativo para hacer el negativo de imagen.

Pero no lo hicieron con el sonido. Ese trabajo lo realicé ahora yo.

Mi positivo, una copia compuesta de 16 milímetros, es el trabajo de seleccionar las mejores escenas de una copia que le fue obsequiada a mi padre por uno de los productores y cuatro fuentes más que me fueron proporcionadas por Filmoteca de la UNAM y la Cineteca Nacional.

Fue una tarea muy difícil porque aunque sean de la misma época, no existía un estricto control de calidad. Entonces variaba un poquito, algunas estaban más o menos contrastadas y como esto tenía una relación muy directa con el sonido si quedaba muy contrastado se oía como si estuviera “muy tapado”; si quedaba muy “clarita”, seseaba.

Entonces el resultado final debía de estar muy bien delineado, porque el sistema que utilizó mi padre fue el negativo de sonido en densidad variada. Ya no se usa ese sistema, precisamente por el defecto de las copias subsecuentes que variaban el contraste. Los líquidos estaban ya gastados, muy nuevos y agarraban otra temperatura otro color, otro todo.