Archivo de 19/10/07|Página de archivo diario
Sam Pollard, compilador de Spike Lee
Liliana Flores Martínez
Reportera
CIUDAD de MÉXICO.- Sam Pollard, editor del documental “Cuando los diques se rompieron: un réquiem en cuatro actos” que aborda la historia de las víctimas del huracán “Katrina”, ofreció la víspera una charla sobre su experiencia al lado del cineasta Spike Lee.
Dicho encuentro se llevó a cabo en el marco de la cuarta edición del Festival Internacional de Cine Contemporáneo de la Ciudad de México (FICCO), espacio que se abrió para ver y recordar la destrucción de Nueva Orleans en 2005.
“Mi trabajo consistió en condensar todo el material recabado, eran 500 horas de grabación con cámara en mano, 300 horas de imágenes de archivo y todos los involucrados con el corazón en la mano”, indicó.
Para dar una idea a aquellos que no habían visto el filme de cuatro horas de duración, Pollard preparó una selección del documental de cuatro partes, mismas que mostró al tiempo de explicar el proceso.
“Lo más terrible de este suceso en el que la población murió y los sobrevivientes quedaron a la deriva fue que el gobierno estadounidense no respondió con la asistencia social, hecho que se vio en todo el mundo”, afirmó.
Relató que Spike Lee se encontraba en Italia cuando sucedió la catástrofe, pero de inmediato contactó a los ejecutivos del canal de televisión HBO para proponerles el proyecto y estos lo aceptaron.
“Me dediqué a formar el equipo de edición y a grabar escenas con la gente que se refugió en el Superdome para sobrevivir; al principio iban a ser dos horas de documental, pero luego nos dimos cuenta de que era demasiado lo que se veía ahí”, ahondó. Pero ante la magnitud del suceso, indicó que ambos se percataron de que tenían que dar cabida a todo lo que sus ojos presenciaban para compartirlo, por lo que solicitaron ayuda de más gente.
“Esto empezó en octubre de 2005 y queríamos terminar para febrero de 2006; HBO quería presentarlo para el aniversario de la catástrofe, el 17 de agosto de 2006”, acotó. Así, le enseñó la línea de trabajo a los dos editores que se integraron al equipo, por lo que con un buen ritmo laboral terminaron la obra en 6 meses, pero al entregar el material al director, éste solicitó más imágenes de la muerte.
“En mi versión no había tantos cuerpos en descomposición, pero Lee, lejos del sensacionalismo, pidió que se visualizara algo que a las personas les hiciera no olvidar la dimensión de la catástrofe, el resultado fue algo más allá del periodismo”, subrayó.
“Cuando los diques se rompieron: un réquiem en cuatro actos” retrata la devastación de Nueva Orleáns causada por fallas en dichos sistemas de flujo ante el embate del huracán “Katrina” en las costas centro y norte del Golfo de México, en agosto de 2005.
La estructura de cuatro episodios de una hora cada uno lleva de la mano al espectador por las calles de dicha ciudad, con testimonios de víctimas e imágenes que por sí solas muestran la falta de solidaridad estatal.
Asimismo, muestra la indignidad de activistas, artistas y el canto nostálgico y a cappella del jazzista Winston Marsalis, quien aprendió del entrañable blues de la localidad.
“La música fue fundamental en la edición, había que dar un ritmo al sentimiento y la fuerza sin duda estuvo en la presencia de la cultura sonora del área, algo que le dio temple y dignidad a un zona que por ser negra ha sido castigada”, aseveró.
Y es que incluso los diálogos y las expresiones de la gente tienen un ritmo que hace que el espectador, con todo y la barrera del idioma, experimente el sufrimiento. Sam Pollard exhibe en el montaje el descobijo de miles de ciudadanos por parte de su gobierno, algo similar a lo acontecido 80 años antes.
En aquella ocasión, los pobladores presenciaron impotentes el desborde del río Mississippi y para contrarrestarlo se decidió destruir el dique de Caernarvon, lo que trajo como consecuencia el cataclismo de dos barrios negros. Corría el verano de 1926 y la gente supo que la detonación calculada de aquel sistema tuvo por objetivo permitir que el lado “blanco” del conglomerado salvara sus pertenencias a costa de un sufrimiento ajeno.
La cineteca es un museo de arte
Liliana Flores Martínez
Reportera
La Cineteca Nacional fue fundada el 17 de enero de 1974, con la encomienda gubernamental de rescatar, clasificar, conservar, restaurar, preservar y difundir la obra cinematográfica más destacada de México y el mundo.
Como dependencia de la Secretaría de Educación Pública, a través del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, y miembro de la Federación Internacional de los Archivos Fílmicos (FIAF) desde 1977, la Cineteca Nacional ofrece diversos servicios a todo público.
En entrevista con el nuevo titular Leonardo García Tsao nos comenta que “por lo pronto estoy evaluando como están las cosas, tengo que familiarizarme con lo que pasado aquí ya que yo estuve hace muchos años y de lo cual han cambiado bastante las cosas. Ver que se puede hacer y que no se puede hacer y bueno encontramos bueun trabajo previo importante que hizo Magdalena Acosta, donde los acervos quedaron muy bien, más bien darle continuidad”.
Yo llevo tres días en la oficina este es mi cuarto día, he tenido que ver muchas cosas de los términos administrativos, la programación esta planeada pero no esta cubierta, no necesariamente es el plan que se piensa cumplir.
He estado antes en Cineteca Nacional desde 1985 para mí no es nuevo, yo creo que se compagina, creo que puedo seguir siendo crítico, yo creo que voy a poder seguir llevando esta dirección.
A mi lo que me gustaría recalcar que la Cineteca no es estrictamente una sala de exhibición, aquí hay un equipo, son unas cinco o seis salas, es un Museo de Cine donde se preserva y se rescatan materiales y es el lado que yo quiero enfatizar. La programación es importante pero no es lo principal.
Creo que preservar y aumentarla la colección de películas que tenemos dentro de los acervos, creo que es una de las prioridades y las publicaciones yo creo que tienen su difusión y son consideradas importantes.
Leonardo García Tsao trabajó en la Cineteca Nacional en 1998, y por su actividad como estudioso del cine nacional ha estado muy cercano a esta institución, que depende de la Secretaría de Educación Pública.
Es un crítico de cine reconocido en México, fue muy cercano al fallecido Emilio García Riera, ha editado varios libros, el más conocido es “Cómo acercarse al cine” que editó el Conaculta y se encuentra agotado desde hace varios años.
Fue director, junto con Susana López Aranda y Nelson Carro, de la revista Dicine, fue director de la entonces Muestra de Cine Mexicano de Guadalajara, y es invitado especial a los festivales de cine más importante en el mundo, como Cannes, Francia.
El documental como forma de humanismo
Liliana Flores Martínez
Reportera
CIUDAD de MÉXICO.- “Para ser documentalista tienes que ser muy paciente y tener muchos amigos, y asegurarte de que a todo mundo le caes bien. Aunque estuve nominado al Oscar, sé quien soy, vivo en un cuarto de cuatro por cuatro metros y lo único que busco es hacer documentales humanistas”, manifestó el documentalista James Longley.
Como parte de las actividades de esta entrega fílmica ofreció una conferencia magistral denominada “Documentando la guerra”, en donde se proyectó precisamente el material aspirante al premio Pfizer que otorga el FICCO a la sección de Derechos Humanos.
“La madre de Sari” es un documental de 21 minutos que hace el recorrido de una mujer en Iraq, quien intenta encontrar asistencia médica para su hijo “Sari”, de 10 años, infectado con VIH después de una transfusión y quien vive atormentado por el dolor y la fatiga.
El laberinto de los servicios médicos iraquíes es inescrutable y la madre de “Sari” es enviada de un lugar a otro. A pesar de todo, está convencida de que su hijo merece el mejor tratamiento, por lo que es sumamente persistente.
La guerra y el terror le hacen cada vez más difícil saber en quién puede confiar. Mediante expresivas imágenes, el espectador seguirá el viaje desde la pacífica casa en el campo, hasta las instituciones médicas.
“En este documental había mucha gente a mi alrededor, y busqué establecer relaciones con la gente; yo quería estar en Bagdad antes de hacer esta película”, señaló.
“Una de las principales dificultades fue el audio, que estaba muy bajo, y busqué la manera de subirlo, era el sonido del medio ambiente, con las voces, y de hecho se escuchan detonaciones”.
Sin embargo, afirmó que “sólo usé un micrófono barato, todo fue muy básico. Para hacer documentales ahora basta una cámara y una computadora, eso es algo que la gente debe aprovechar”.
Longley obtuvo 300 horas de material, “algo difícil si se toma en cuenta que hubo que comunicarse con el corazón. Ellos no hablan ingles y yo no hablo kurdo, lo único que sabía era que había alguien en peligro constante”.
Así, el realizador señaló que la reacción principal de la gente al ver el documental es la impotencia de no hacer nada. “No quería que fuera una película de propaganda, quería que fuera una ventana humanista”.
Con tono de serenidad y mucho respeto expresó que sus papás son socialistas, y que a eso él atribuye la idea que tiene de ayudar a la gente, “estudié en Moscú y siempre me ha interesado contar historias que regularmente nadie sabe”.
“Iraq in fragments” también aborda la visión y son secuencias de la guerra, pasó más de dos años filmando en Irak, y cuenta en primera persona las historias de chiíes, suníes y kurdos; deja hablar a los iraquíes para que expliquen su visión.
Incluso se pueden ver imágenes de un enfrentamiento con tropas españolas. Este ha sido elegido el mejor documental del año por la IDA, International Documentary Association (Asociación Internacional de Documentales) y nominado al Oscar en 2006.
Los protagonistas de “Iraq in fragments” son un niño de 11 años de edad y huérfano; seguidores del clérigo radical Chií Al Sadr y una familia de agricultores kurdos. En la página oficial hay más información e imágenes de todos ellos.
El documental ha sido estructurado como ópera en tres actos, en donde el niño, huérfano de padre, es aprendiz del dominante dueño de un taller de autos en Bagdad.
En dos ciudades chiitas, unos seguidores de Sadr compiten por las elecciones regionales, mientras refuerzan la ley islámica a punta de pistola. Una familia kurda campesina acepta con agrado la presencia norteamericana, lo que les permite gozar de ciertas libertades antes negadas.
Por último es importante destacar que Longley estudió cine en las universidades de Rochester y Wesleyan y en el Instituto de Cinematografía de Moscú. Trabajó como proyeccionista en el estado de Washington, como docente de la lengua inglesa en Siberia, fue editor de un diario de Moscú y diseñador web en Nueva York.
Viajó a Palestina para hacer el documental “Gaza strip” (2001), una mirada íntima de la gente palestina común que vive en la ciudad ocupada por los israelitas; esta película fue presentada y aclamada por la crítica en numerosos festivales.
En 2002, Longley viajó a Iraq para iniciar la producción de su segundo trabajo documental, “Iraq in fragments”. Entre los galardones obtenidos están el del Festival de Cine de Derechos Humanos, 2006 donde obtuvo el Premio Néstor Almendros y el Festival de Sundance 2006, en donde fue calificado como Mejor Director.
Igualmente, en el Festival de Cine de Tesalónica 2006 recibió el Premio Fipresci, así como el Festival de Cine de Chicago, 2006 donde se le entregó el reconocimiento a Mejor Documental
Pocos de mis trabajos tienen que ver con la Narrativa
Liliana Flores Martínez
Reportera
CIUDAD de MÉXICO.- Ken Jacobs, distinguido Profesor Emérito, nació en Brooklyn, NY, en 1933. Estudió pintura con uno de los creadores abstractos más destacados, Hans Hofmann, a mediados de la década de los años cincuenta. Fue entonces que comenzó su labor como cineasta con su proyecto “Star Spangled to Death”. Su estrellato alcanzó niveles de media altura con el advenimiento del Underground Film durante la década de los sesenta.
En 1967, con ayuda de su esposa Florence, y de muchos otros, aspirando a una “democracia” (en vez de demagogia) en el cine, creó el taller “The Millennium Film” en la ciudad de Nueva York, una cooperativa de cineastas sin fines de lucro, abierta a todo aquel que quisiera participar, mediante la cual proveían de equipo, espacios de trabajo, clases y proyecciones, de manera gratuita o a muy bajo costo.
Su trabajo ha sido objeto de retrospectivas y premios en los más variados festivales y museos, entre los cuales destacan: The American Museum of the Moving Image in Astoria, Queens, en 1989; The New York Museum of Modern Art en 1996; The American House in Paris en 1994, y el Arsenal Theater de Berlín en 1986. También se ha presentado a hacer proyecciones en vivo en Japón, el museo Louvre en París, el Getty Center de Los Ángeles y el Festival Internacional de Rotterdam entre otros.
En un modo sencillo y afable Ken Jacobs recibió a unomásuno en compañía de su esposa Florence en un céntrico hotel capitalino.
¿Cómo es que se interrelaciona la pintura con su visión de cineasta?
Durante la época de la Segunda Guerra Mundial las películas eran muy malas. Cuando la gente involucrada en la guerra regresa, trajo una nueva visión que fue como un renacimiento del cine.
Por un momento hubo películas que eran críticas de la sociedad y del momento. También el Neorrealismo italiano se presentaba en Nueva York. Yo tenía trece años y estaba totalmente encantado. Había películas de boxeo que eran muy buenas, muy vivenciales, que tenían mensajes muy claros.
Me doy cuenta que gracias a estas películas el cine era un medio donde puede expresarse un momento histórico.
A los 16 tenia un boleto que me dieron en la preparatoria que era una especie de pase para ir a ver películas en el Museo de Arte Moderno de Nueva York. En el sótano y pasaban películas, una especie de cine club las películas de los 20’s de principios de siglo películas de comedia silente, del avant gard francés, como “Avaricia”.
Entonces desarrollo un interés paralelo con la pintura en la cual había cosas maravillosas como el impresionismo abstracto en Nueva York.
Tuve -afirma Jacobs- que ir a la Guardia Costera por dos años donde desperdicie mi vida por dos años y donde fui fue el peor marino que hubo en la Guardia Costera, entonces cuando salí me dieron un poco de dinero porque había un programa que apoyaba a ex miembros de la marina y use ese dinero para ir a estudiar pintura y bueno estudie con Hans Hoffman que es el ícono de la pintura y lo comparo con Picasso, siempre ese tuve ese doble interés.
Y lo que a mí me interesa la manera de ver las cosas, la manera de componer es mucho más claro con pintura que con cine, y muy poco de mis trabajos tienen que ver con narrativa sino tienen que ver con la imagen.
¿Qué opina de cómo se ve Estados Unidos en su cine?
No le presto la suficiente atención para dar una opinión a ese tipo de cine, lamentablemente no me siento en la posición de dar una opinión porque no tengo el trabajo de un crítico, sería un poco imparcial de mí parte. No tengo el tiempo de ver todo, he visto trabajos muy valiosos y que respeta enormemente a la gente que los hizo.
Fui maestro de cine durante muchos años y cuando era maestro sí lo hacía, trataba de ver lo más posible para poder platicar con mis alumnos. Pero cuando deje de enseñar y me jubilo. A partir de ahí me dedico a ver mi trabajo; no me dio el tiempo de hacer tantas cosas y esta ahora más bien estoy terminando los trabajos que dejé inconclusos cuando era maestro.
¿Cómo espera que sea el documental en diez años?
Diez años es demasiado optimista para que siga el documental, y con esto damos por terminada esta conversación.
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