El documental como forma de humanismo
Liliana Flores Martínez
Reportera
CIUDAD de MÉXICO.- “Para ser documentalista tienes que ser muy paciente y tener muchos amigos, y asegurarte de que a todo mundo le caes bien. Aunque estuve nominado al Oscar, sé quien soy, vivo en un cuarto de cuatro por cuatro metros y lo único que busco es hacer documentales humanistas”, manifestó el documentalista James Longley.
Como parte de las actividades de esta entrega fílmica ofreció una conferencia magistral denominada “Documentando la guerra”, en donde se proyectó precisamente el material aspirante al premio Pfizer que otorga el FICCO a la sección de Derechos Humanos.
“La madre de Sari” es un documental de 21 minutos que hace el recorrido de una mujer en Iraq, quien intenta encontrar asistencia médica para su hijo “Sari”, de 10 años, infectado con VIH después de una transfusión y quien vive atormentado por el dolor y la fatiga.
El laberinto de los servicios médicos iraquíes es inescrutable y la madre de “Sari” es enviada de un lugar a otro. A pesar de todo, está convencida de que su hijo merece el mejor tratamiento, por lo que es sumamente persistente.
La guerra y el terror le hacen cada vez más difícil saber en quién puede confiar. Mediante expresivas imágenes, el espectador seguirá el viaje desde la pacífica casa en el campo, hasta las instituciones médicas.
“En este documental había mucha gente a mi alrededor, y busqué establecer relaciones con la gente; yo quería estar en Bagdad antes de hacer esta película”, señaló.
“Una de las principales dificultades fue el audio, que estaba muy bajo, y busqué la manera de subirlo, era el sonido del medio ambiente, con las voces, y de hecho se escuchan detonaciones”.
Sin embargo, afirmó que “sólo usé un micrófono barato, todo fue muy básico. Para hacer documentales ahora basta una cámara y una computadora, eso es algo que la gente debe aprovechar”.
Longley obtuvo 300 horas de material, “algo difícil si se toma en cuenta que hubo que comunicarse con el corazón. Ellos no hablan ingles y yo no hablo kurdo, lo único que sabía era que había alguien en peligro constante”.
Así, el realizador señaló que la reacción principal de la gente al ver el documental es la impotencia de no hacer nada. “No quería que fuera una película de propaganda, quería que fuera una ventana humanista”.
Con tono de serenidad y mucho respeto expresó que sus papás son socialistas, y que a eso él atribuye la idea que tiene de ayudar a la gente, “estudié en Moscú y siempre me ha interesado contar historias que regularmente nadie sabe”.
“Iraq in fragments” también aborda la visión y son secuencias de la guerra, pasó más de dos años filmando en Irak, y cuenta en primera persona las historias de chiíes, suníes y kurdos; deja hablar a los iraquíes para que expliquen su visión.
Incluso se pueden ver imágenes de un enfrentamiento con tropas españolas. Este ha sido elegido el mejor documental del año por la IDA, International Documentary Association (Asociación Internacional de Documentales) y nominado al Oscar en 2006.
Los protagonistas de “Iraq in fragments” son un niño de 11 años de edad y huérfano; seguidores del clérigo radical Chií Al Sadr y una familia de agricultores kurdos. En la página oficial hay más información e imágenes de todos ellos.
El documental ha sido estructurado como ópera en tres actos, en donde el niño, huérfano de padre, es aprendiz del dominante dueño de un taller de autos en Bagdad.
En dos ciudades chiitas, unos seguidores de Sadr compiten por las elecciones regionales, mientras refuerzan la ley islámica a punta de pistola. Una familia kurda campesina acepta con agrado la presencia norteamericana, lo que les permite gozar de ciertas libertades antes negadas.
Por último es importante destacar que Longley estudió cine en las universidades de Rochester y Wesleyan y en el Instituto de Cinematografía de Moscú. Trabajó como proyeccionista en el estado de Washington, como docente de la lengua inglesa en Siberia, fue editor de un diario de Moscú y diseñador web en Nueva York.
Viajó a Palestina para hacer el documental “Gaza strip” (2001), una mirada íntima de la gente palestina común que vive en la ciudad ocupada por los israelitas; esta película fue presentada y aclamada por la crítica en numerosos festivales.
En 2002, Longley viajó a Iraq para iniciar la producción de su segundo trabajo documental, “Iraq in fragments”. Entre los galardones obtenidos están el del Festival de Cine de Derechos Humanos, 2006 donde obtuvo el Premio Néstor Almendros y el Festival de Sundance 2006, en donde fue calificado como Mejor Director.
Igualmente, en el Festival de Cine de Tesalónica 2006 recibió el Premio Fipresci, así como el Festival de Cine de Chicago, 2006 donde se le entregó el reconocimiento a Mejor Documental
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