Pocos de mis trabajos tienen que ver con la Narrativa
Liliana Flores Martínez
Reportera
CIUDAD de MÉXICO.- Ken Jacobs, distinguido Profesor Emérito, nació en Brooklyn, NY, en 1933. Estudió pintura con uno de los creadores abstractos más destacados, Hans Hofmann, a mediados de la década de los años cincuenta. Fue entonces que comenzó su labor como cineasta con su proyecto “Star Spangled to Death”. Su estrellato alcanzó niveles de media altura con el advenimiento del Underground Film durante la década de los sesenta.
En 1967, con ayuda de su esposa Florence, y de muchos otros, aspirando a una “democracia” (en vez de demagogia) en el cine, creó el taller “The Millennium Film” en la ciudad de Nueva York, una cooperativa de cineastas sin fines de lucro, abierta a todo aquel que quisiera participar, mediante la cual proveían de equipo, espacios de trabajo, clases y proyecciones, de manera gratuita o a muy bajo costo.
Su trabajo ha sido objeto de retrospectivas y premios en los más variados festivales y museos, entre los cuales destacan: The American Museum of the Moving Image in Astoria, Queens, en 1989; The New York Museum of Modern Art en 1996; The American House in Paris en 1994, y el Arsenal Theater de Berlín en 1986. También se ha presentado a hacer proyecciones en vivo en Japón, el museo Louvre en París, el Getty Center de Los Ángeles y el Festival Internacional de Rotterdam entre otros.
En un modo sencillo y afable Ken Jacobs recibió a unomásuno en compañía de su esposa Florence en un céntrico hotel capitalino.
¿Cómo es que se interrelaciona la pintura con su visión de cineasta?
Durante la época de la Segunda Guerra Mundial las películas eran muy malas. Cuando la gente involucrada en la guerra regresa, trajo una nueva visión que fue como un renacimiento del cine.
Por un momento hubo películas que eran críticas de la sociedad y del momento. También el Neorrealismo italiano se presentaba en Nueva York. Yo tenía trece años y estaba totalmente encantado. Había películas de boxeo que eran muy buenas, muy vivenciales, que tenían mensajes muy claros.
Me doy cuenta que gracias a estas películas el cine era un medio donde puede expresarse un momento histórico.
A los 16 tenia un boleto que me dieron en la preparatoria que era una especie de pase para ir a ver películas en el Museo de Arte Moderno de Nueva York. En el sótano y pasaban películas, una especie de cine club las películas de los 20’s de principios de siglo películas de comedia silente, del avant gard francés, como “Avaricia”.
Entonces desarrollo un interés paralelo con la pintura en la cual había cosas maravillosas como el impresionismo abstracto en Nueva York.
Tuve -afirma Jacobs- que ir a la Guardia Costera por dos años donde desperdicie mi vida por dos años y donde fui fue el peor marino que hubo en la Guardia Costera, entonces cuando salí me dieron un poco de dinero porque había un programa que apoyaba a ex miembros de la marina y use ese dinero para ir a estudiar pintura y bueno estudie con Hans Hoffman que es el ícono de la pintura y lo comparo con Picasso, siempre ese tuve ese doble interés.
Y lo que a mí me interesa la manera de ver las cosas, la manera de componer es mucho más claro con pintura que con cine, y muy poco de mis trabajos tienen que ver con narrativa sino tienen que ver con la imagen.
¿Qué opina de cómo se ve Estados Unidos en su cine?
No le presto la suficiente atención para dar una opinión a ese tipo de cine, lamentablemente no me siento en la posición de dar una opinión porque no tengo el trabajo de un crítico, sería un poco imparcial de mí parte. No tengo el tiempo de ver todo, he visto trabajos muy valiosos y que respeta enormemente a la gente que los hizo.
Fui maestro de cine durante muchos años y cuando era maestro sí lo hacía, trataba de ver lo más posible para poder platicar con mis alumnos. Pero cuando deje de enseñar y me jubilo. A partir de ahí me dedico a ver mi trabajo; no me dio el tiempo de hacer tantas cosas y esta ahora más bien estoy terminando los trabajos que dejé inconclusos cuando era maestro.
¿Cómo espera que sea el documental en diez años?
Diez años es demasiado optimista para que siga el documental, y con esto damos por terminada esta conversación.
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