Sam Pollard, compilador de Spike Lee
Liliana Flores Martínez
Reportera
CIUDAD de MÉXICO.- Sam Pollard, editor del documental “Cuando los diques se rompieron: un réquiem en cuatro actos” que aborda la historia de las víctimas del huracán “Katrina”, ofreció la víspera una charla sobre su experiencia al lado del cineasta Spike Lee.
Dicho encuentro se llevó a cabo en el marco de la cuarta edición del Festival Internacional de Cine Contemporáneo de la Ciudad de México (FICCO), espacio que se abrió para ver y recordar la destrucción de Nueva Orleans en 2005.
“Mi trabajo consistió en condensar todo el material recabado, eran 500 horas de grabación con cámara en mano, 300 horas de imágenes de archivo y todos los involucrados con el corazón en la mano”, indicó.
Para dar una idea a aquellos que no habían visto el filme de cuatro horas de duración, Pollard preparó una selección del documental de cuatro partes, mismas que mostró al tiempo de explicar el proceso.
“Lo más terrible de este suceso en el que la población murió y los sobrevivientes quedaron a la deriva fue que el gobierno estadounidense no respondió con la asistencia social, hecho que se vio en todo el mundo”, afirmó.
Relató que Spike Lee se encontraba en Italia cuando sucedió la catástrofe, pero de inmediato contactó a los ejecutivos del canal de televisión HBO para proponerles el proyecto y estos lo aceptaron.
“Me dediqué a formar el equipo de edición y a grabar escenas con la gente que se refugió en el Superdome para sobrevivir; al principio iban a ser dos horas de documental, pero luego nos dimos cuenta de que era demasiado lo que se veía ahí”, ahondó. Pero ante la magnitud del suceso, indicó que ambos se percataron de que tenían que dar cabida a todo lo que sus ojos presenciaban para compartirlo, por lo que solicitaron ayuda de más gente.
“Esto empezó en octubre de 2005 y queríamos terminar para febrero de 2006; HBO quería presentarlo para el aniversario de la catástrofe, el 17 de agosto de 2006”, acotó. Así, le enseñó la línea de trabajo a los dos editores que se integraron al equipo, por lo que con un buen ritmo laboral terminaron la obra en 6 meses, pero al entregar el material al director, éste solicitó más imágenes de la muerte.
“En mi versión no había tantos cuerpos en descomposición, pero Lee, lejos del sensacionalismo, pidió que se visualizara algo que a las personas les hiciera no olvidar la dimensión de la catástrofe, el resultado fue algo más allá del periodismo”, subrayó.
“Cuando los diques se rompieron: un réquiem en cuatro actos” retrata la devastación de Nueva Orleáns causada por fallas en dichos sistemas de flujo ante el embate del huracán “Katrina” en las costas centro y norte del Golfo de México, en agosto de 2005.
La estructura de cuatro episodios de una hora cada uno lleva de la mano al espectador por las calles de dicha ciudad, con testimonios de víctimas e imágenes que por sí solas muestran la falta de solidaridad estatal.
Asimismo, muestra la indignidad de activistas, artistas y el canto nostálgico y a cappella del jazzista Winston Marsalis, quien aprendió del entrañable blues de la localidad.
“La música fue fundamental en la edición, había que dar un ritmo al sentimiento y la fuerza sin duda estuvo en la presencia de la cultura sonora del área, algo que le dio temple y dignidad a un zona que por ser negra ha sido castigada”, aseveró.
Y es que incluso los diálogos y las expresiones de la gente tienen un ritmo que hace que el espectador, con todo y la barrera del idioma, experimente el sufrimiento. Sam Pollard exhibe en el montaje el descobijo de miles de ciudadanos por parte de su gobierno, algo similar a lo acontecido 80 años antes.
En aquella ocasión, los pobladores presenciaron impotentes el desborde del río Mississippi y para contrarrestarlo se decidió destruir el dique de Caernarvon, lo que trajo como consecuencia el cataclismo de dos barrios negros. Corría el verano de 1926 y la gente supo que la detonación calculada de aquel sistema tuvo por objetivo permitir que el lado “blanco” del conglomerado salvara sus pertenencias a costa de un sufrimiento ajeno.
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